| En 1919 Freud publica en la revista Imago, dedicada a las aplicaciones del psicoanálisis al arte y la literatura, un artículo sobre lo que se podría llamar “lo familiar extraño”, “DAS UNHEIMLICH”.
Freud se siente atrapado por el concepto implícito de la palabra heimlich que implica cierta familiaridad, del hogar, íntimo, un término que evoca el bienestar y lo confortable, si bien invoca, a la vez, al misterio, a lo oculto, sobretodo a lo incierto. Sería todo lo que debería permanecer secreto y oculto…pero que se ha puesto de manifiesto...
De este modo, Freud concluye que lo unheimlich, en castellano traducido por siniestro, inquietante étrangété, en francés y uncanny en inglés- no es en absoluto algo que habita fuera de nuestro ámbito, más bien todo lo contrario: es el horror, el sobresalto que nos causan las cosas que pululan en nuestros alrededores, las que son más familiares y que, de pronto se convierten en extrañas.
Si somos capaces de mirar, veremos de inmediato como las cosas cotidianas no paran de dar sustos –por lo menos sorpresas. Sólo hace falta pasar tantas horas en casa, horas largas a veces, estando tranquilamente entre las cuatro paredes de la casa, creyéndose a salvo entre los objetos de todos los días, los artefactos familiares se rebelan, producen lo siniestro, aunque sea en un sueño. Convivimos con esos objetos, con esas cosas sin importancia, habitan nuestra casa, nuestro pueblo, y una tarde cualquiera se presentan como lo que son: algo nuestro y algo lejano a la vez, intocable, íntimo y oculto. El yo y el otro. Nos sobresaltan en su esencia inasible y cercana. Lo saben todo y lo cuentan, pero relatan historias que creíamos haber olvidado para siempre.
Porque las cosas cotidianas, las que pueblan los espacios que habitamos, nuestros interiores, saben de nosotros más que nosotros mismos y eso nos inquieta…..
Reciclar
Volver a poner en servicio lo que ya estaba inservible.
Someter una materia a un determinado proceso para que pueda volver a ser útil.
Viejos corpiños se vuelven carpetita, fosforero, cebollero, cubrebotella, portacepillo…
Viejos corpiños se transforman en inútiles objetos cotidianos.
Viejo versus inútil. |